
En barrios periféricos de nueva construcción de toda España se multiplican los llamados «bloques cebra»: edificios residenciales clónicos que prometen eficiencia y rapidez, pero que también despiertan un gran debate social sobre la pérdida de identidad y personalidad de nuestros barrios y ciudades.
Seguro que has visto este tipo de edificios, que se caracterizan por ser altos, con fachadas de franjas blancas y negras, carpintería de aluminio oscura y terrazas en línea, y que representan la viva imagen de la arquitectura residencial contemporánea. Además, su diseño moderno, funcional y de estética minimalista lo han convertido en la opción preferida por muchas promotoras.
El término «bloque cebra» se ha popularizado recientemente a raíz de la cuenta de Instagram @bloque_cebra, en la que un grupo de jóvenes arquitectos ha puesto nombre a esta tendencia en auge en todo el país. La cuenta también comparte los «bloques cebra» que hay repartidos por toda la geografía nacional, con un punto de ironía y crítica social.
Hay «bloques cebra» para todo tipo de presupuestos. Además, todos siguen un mismo patrón, y muchos tienen piscina comunitaria, baño en suite, suelo laminado, cocina americana, zonas comunes y trastero.
El problema, según los arquitectos, es la homogeneización de este tipo de construcción, pues no se adaptan al entorno ni al clima propio de cada zona y están construidos con materiales estándar que tanto sirven para una zona de calor (Sevilla, por ejemplo), como para una zona más fría (Huesca o Bilbao), lo que da como resultado una estética monocroma sin personalidad propia.
Según los arquitectos, el éxito de los «bloques cebra» también tiene que ver con cómo se regula el urbanismo en España. La normativa se centra en parámetros cuantitativos (edificabilidad, alturas, alineaciones…) pero rara vez habla de la calidad arquitectónica de la construcción o la relación de los edificios con el espacio público o su integración con el entorno.
El resultado es un parque residencial homogéneo, levantado a golpe de Excel y de «copia y pega», sin comercio en la calle ni en la parte inferior de estos edificios y con escasa interacción con el espacio público que les rodea. Es más, toda la vida de los vecinos suele pasar dentro del recinto, con lo que también transforma la manera en la que sus habitantes se relacionan con el mundo exterior.
Para ello, y para compensar esa carencia de vida pública en la calle, los promotores suelen ofrecer el «pack cebra». Esto es: piscina, gimnasio, pádel, zonas comunes, parque infantil y garaje privado. Esta fórmula convierte a la calle en un espacio vacío y traslada toda la vida comunitaria al interior del recinto